jueves, 19 de enero de 2017

Drones sobre Gran Vía de Granada

Dron
Desde que Galileo expulsó a Dios del cielo con su telescopio y lo instaló como refugiado, más o menos querido, en el interior del corazón de las criaturas, el espacio aéreo está muy percudido. Drones, platillos volantes, satélites artificiales, cazabombarderos, misiles atómicos… En fin, nada que se pueda comparar con la Gloria, de la que casi siempre han llovido bendiciones, lluvias nutricias o alimentos probióticos y paleodietéticos, como el maná bíblico. Hay drones administrativos y fiscales, como los que despliega Hacienda por toda la provincia, para detectar edificaciones no declaradas por sus dueños. Gracias a ellos, la Agencia Tributaria ha advertido que los dueños de viviendas tienden a no informar al fisco, cuando las amplían. La adscripción de los drones que vigilaron la manifestación del pasado día 15, es incierta. Desde luego, drones particulares no eran. A estos se les tiene prohibido volar sobre aglomeraciones de personal. Y las multas por hacerlo son cuantiosas. Pero las administraciones, la autonómica o la estatal, deben estar seguras de que sus técnicos no les van a fallar y que no dejarán caer sobre el público ninguno de estos artilugios aéreos no tripulados. Por ahora, no se advierten intenciones letales en los operadores de estos aparatos. La gente, que ha oído que EE UU usa estos inventos como armas de guerra para aniquilar a sus enemigos (y entornos), miraba al cielo con algo de temor. Ahora, los gabinetes sociológicos dependientes del Estado se ocupan en procesar e interpretar los datos que les suministraronesos chirimbolos. A ver cómo explican la presencia de numerosas damas con abrigos de visón entre los manifestantes; codo con codo con el rocoso sindicalista del metal que antaño acudía al Primero de Mayo con un mortero que disparaba inclemente, asustando a los compañeros, y que ahora sólo usa un silbato. Seguro que concluyen, los sociólogos, que ese es precisamente uno de los logros de la Sanidad Pública; que, como ha llegado a ser mejor que la privada, ha servido de punto de encuentro de las clases sociales y de las diversas etnias que conviven pacíficamente en nuestro país. En el hospital, han coincidido el patriarca de un clan gitano y la dama de rastrillo navideño. Eso ha hecho que se conozcan los contendientes sociales y políticos y ha dulcificado las diferencias. Cuando el entierro de los abogados de Atocha, asesinados por ultraderechistas en 1977, el Rey sobrevoló el duelo en helicóptero: el orden y el gran número de asistentes aligeró la legalización del Partido Comunista y facilitó la Transición. ¿Habrá tomado nota, vía dron, Susana Díaz de que, si no arregla el problema de la Sanidad en Granada, puede peligrar su carrera política y, lo que es más grave, de que su incompetencia puede soliviantar a los, hasta ahora, pacíficos manifestantes?

martes, 17 de enero de 2017

Las grandes alamedas

Estoy asombrado de las Navidades y de los Reyes tan bulliciosos que acabamos de pasar. E intento analizar y comprender qué está sucediendo. Parece como si se hubiera cumplido la premonición expresada en 1973 por Salvador Allende, poco antes de ser asesinado por los golpistas, en su prodigioso discurso de despedida de los chilenos, a sabiendas de que le quedaba poco tiempo de vida. Una pieza lúcida, valiente y sosegada. Una pieza que nos hace añorar el tiempo de los héroes humildes, metálicos, indeformables. Gente corriente, consecuente y sabia, que hacía todo lo posible por no mentir mucho. Un discurso que recomiendo que lea, no esta generación de políticos que se disuelve y atomiza sin fin, aferrada a los cargos y a sus tejemanejes. Ellos no lo entenderían. Sí, las personas egoístas, pero inteligentes. A aquellas que saben que no podremos sobrevivir mucho tiempo a tanta descomposición. Ni nosotros ni, mucho menos, la gente más joven. Les vendría bien, nos vendría bien, oír el discurso de Allende, a punto de adentrarse en la oscuridad. Impresiona su llamada a la rebelión contra la barbarie, pero sin inmolaciones, sin gestos heroicos, tranquilamente. No les pide a los chilenos que salgan a las calles a romperse contra los tanques. Sólo les pide que no cejen, que resistan, con inteligencia y constancia. "Sigan ustedes sabiendo", les dice en su alocución desde Radio Magallanes, "que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor". He visto en estas fiestas que acabamos de padecer y de disfrutar, a tanta gente en las calles que he tenido la ilusión de que esas grandes alamedas de la que hablaba Allende, ya están siendo transitadas por los habitantes de una sociedad mejor. Y he tenido la tentación de abandonar mi cómoda posición de espectador crítico y sumirme en el bullicio de la calle; de coger mi moto, disfrazarme de Papá Noel, como hicieron otros 300 moteros, y atronar la ciudad con los acelerones de mi máquina. Me han entrado ganas de ser costalero y meterme debajo del paso, sin santo, que han utilizado algunas cofradías para llevar los regalos de Reyes a aquellos que no supieron o no pudieron escribirles. Quizá la banda de música, tocando piezas de Semana Santa, sobraba, pero la facilidad con que los jóvenes penitentes se transforman en ONG es digna de estudio y reconocimiento. Porque la energía inmensa y la fuerza espléndida que esta juventud derrocha en este tipo de operaciones está mucho mejor empleada que cuando se la ha canalizado hacia la destrucción y la guerra. Me hubiera gustado ser rey mago en la cabalgata, agitar el pendón en la Toma... Pero he preferido, cobarde, analizar y describir lo que pasa. Y he llegado a la conclusión de que no era esto a lo que se refería Allende en su discurso, pero que, como ensayo, no ha estado nada mal. Aunque soy consciente de que quedan por arreglar algunas cosillas.

sábado, 7 de enero de 2017

Parada biológica

Resistiré

Tras la vorágine de estos días, acabo de entrar en modo "Simón el Estilita"*. Estoy reseteándome  y desintoxicándome de un empacho severo de sociabilidad. No aceptaré ningún tipo de invitaciones o incitaciones, al menos en un mes. Comeré sólo. Una taza de zahareña, por las mañanas y un huevo duro. Saltamontes y langostas del desierto, para el almuerzo y 120 gramos de cecina, a la cena. Ni aceptaré flores ni asistiré a ningún recital de aforismos. Abteneos, poetas jóvenes, de invitarme a la lectura de vuestros versos y menos si son de amores contrariados. Ayuno total en lo que se refiere a la lectura de novelas histórica. Castidad y contención serán mi ciudadela. Cilicios en las piernas y azotes en mis glúteos. No veo otra forma de sobrevivir tras tanto exceso.
 *San Simón el Estilita, nacido en Կիլիկիա, en el siglo IV, pasó 37 años subido a una columna; se le considera el inventor del cilicio, o sea, de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura o en las piernas para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. 

miércoles, 4 de enero de 2017

En los Reyes, pistolas para todos

Muñecas para las niñas
A la ministra de defensa, María Dolores de Cospedal, los Reyes no le van a traer muñecas, sino un 30% de aumento en el presupuesto de Defensa del 2017. Con él podrá comprar juguetes bélicos. Esto supone un avance notable en la erradicación del sexismo en el juguete. En nuestra ciudad, también se hace lo que se puede. La concejala delegada de igualdad del Ayuntamiento, Ana Muñoz Arquelladas, ha marcado el paso con la misma marcialidad que oficiales del ejército y de la policía, en los actos de la Toma. La sociedad no está tan avanzada como estas dos notables políticas y todavía se discute en las tertulias sobre qué tipo de juguetes hay que regalar a los niños; también del sexismo en el juguete, de las muñecas, de las pistolas, de los drones de las barbies y de todas esas puñetitas. No falta en esas tertulias un psicólogo de la Junta que insiste, como un autómata,  en que hay que “educar en valores”. Si quieres quedar bien, te tienes que pronunciar porque los juguetes sean los mismos para niños y niñas. Y llevarás mucha razón: si un niño o una niña consiguen emerger de la montaña de peluches y obsequios que les han hecho a lo largo de todo el año y llega con la capacidad de discernimiento medianamente desatascada a la avalancha de juguetes que les caen encima en Reyes, es mejor que no reciba más  lanzamierdas, si es varón,  ni más muñecas de alterne, enlicradas y de melena rubia, si es hembra. No es que importe mucho, porque a estas alturas del año, a los peques les da igual ocho que ochenta y a los padres, no digamos: lo único que les preocupa es encontrar en los pisos de 50 metros dónde meter la  remesa de juguetes del 2017,  atiborrados los estantes por los chismes del 2016 que todavía  no han podido hacer desaparecer por completo. Al juguetero en las tertulias, le suelen preguntar si los padres han comenzado a regalar muñecas a los varones, y el hombre no tiene más remedio que confesar que no. Que los niños, hasta que no entran en alguna cofradía de Semana Santa, no comienzan a jugar a las muñecas. Las muñecas se siguen regalando a las niñas, que ya tendrán ocasión de mayores de alistarse en el ejército e ir a algún lugar del mundo, con sus fusilitos y sus “mataflús”, a acabar con todo lo que se mueve o a morir ellas mismas, en alguna guerripaz tope de gama. Los juguetes, hoy en día, ni educan ni dejan de educar “en valores”. Bastante tienen los chiquillos con quitárselos de encima, para que no los aplasten. Los valores los aprenden los peques viendo cómo Cospedal se arma hasta los dientes o cómo la feminista Muñoz Arquelladas lucha contra el heteropatriarcado al paso épico de la cabra de la Legión.

lunes, 2 de enero de 2017

¡Toma, por Catulo!


En el día de la Toma de Granada
En el día de la Toma; dedicado a la cabra de la legión, al concejal que enarbole el pendón, a los moros, a los cristianos, a los granadinos que viven de los monumentos que construyeron los árabes y que, pese a todo, celebran su derrota, cuando de haber seguido en nuestra ciudad -los moros-, disfrutaríamos de varias alhambras más y por tanto del triple de turistas que hoy. A las berenjenas fritas, a los boqueroncillos en vinagre, a todas y cada una de las tapas que se servirán hoy en los alrededores de la plaza del Carmen y que harán que los comerciantes que las venden se sientan cada vez más identificados con la Toma. Para todos ellos, esto versos de Catulo. Porque tengo yo hoy el cuerpo de Catulo y porque hay formas de diversión y placer que no necesitan de tanto pendón y tanto pífano.





Vivamos, Lesbia mía, y amemos.
y las murmuraciones de los viejos amargados,
que nos importen un pimiento.
Oscurecerá y amanecerá día tras día,
pero nosotros, cuando se apague nuestra luz tan breve,
dormiremos en una eterna noche.
Bésame mil veces, y después otras cien
y de nuevo mil veces, y de nuevo otras cien
y después mil besos más, y otros cien otra vez,
y, cuando miles y miles de veces se cumplan los besos,
no llevemos la cuenta precisa, que no la sepamos,
para que ningún malvado pueda maldecirnos
cuando sepa la cantidad de veces que nos hemos besado
****************

jueves, 29 de diciembre de 2016

Rabo inquieto


Matanza del gorrino-jabalín
Mi abuela me educó en un machismo responsable. Jamás permitió que limpiara el cuarto de baño, después de ducharme. Pero, si a las 8:15 horas no estaba cogiendo la bici para ir a clase, me amenazaba con devolverme a la casa de mis padres en Málaga, donde no podría seguir estudiando la carrera. No le di ocasión. Todas las mañanas aparcaba la bicicleta, poco antes de las 9, en la acera de la Facultad de Letras en Puentezuelas.
Resulta milagroso que no me la robaran. No le ponía candado ni nada. El aspecto de la máquina era de tal decrepitud que no resultaba atractiva para nadie. Tenía un portaequipajes poderoso que igual servía para transportar los productos de la vega desde Cenes a la Plaza de la Pescadería que para llevar al colegio a algún hermano. Terminé la carrera, y no fui deportado.
Si las reglas para los varones jóvenes de la familia, en el nicho campesino que presidía mi abuela, eran estrictas, el protocolo para las que hoy se conocen como mascotas era férreo. Mi abuela no hubiera entendido que el dueño de una marrana vietnamita la sacara a pasear con su correa y su abriguito de croché para los riñones, por la Carrera de la Virgen. Los marranos, en mi casa, recibían buen trato antes de la matanza. Ellos se resistían, y cuando el matancero, y cuatro más, no podían colocar al animal en la artesa para degollarlo, mi abuela lo cogía de una pata y lo plantaba, ella sola, encima de la mesa del sacrificio. Los gatos que se comían los jurelillos destinados a sus nietos, por la ventana, al corral. Los perros, para guardar la casa, sin caricias ni mimos. La gallina vieja que dejaba de poner, a la cazuela. La mula para arar y traer las calabazas y los melones, en el serón. El gorrión, con arroz, tras ser abatido por nuestras escopetas de plomos.
Cuando me casé, la primera vez que comió en casa, le regañó a mi mujer por no traerme a la mesa un tenedor que yo le había pedido. Educadamente, mi mujer le señaló a mi abuela que si su nieto necesitaba un tenedor, que fuera por él a la cocina. Mi abuela me había educado para ser el rey de la casa. Pero comprendí que era mejor para mí, aceptar una vicepresidencia doméstica. Por puro egoísmo. Para no contraer una deuda sin algoritmo. Imprecisa. Impagable. También, aprendí a ser compasivo y benévolo con los animales, después de leer Las florecillas de San Francisco de Asís.
Pero sigue sin gustarme que un perro hurgue en mis ingles con su hocico o que se sitúe entre mis piernas y agite mi intimidad con su rabo, sin ser requerido. Bastantes problemas afectivos tiene uno como para atarse de por vida a un rabo inquieto.

martes, 27 de diciembre de 2016

Epílogo


Epílogo: Recapitulación de lo dicho en un discurso o en otra composición literaria o de lo realizado en una etapa de la vida.

No debe de ser tan malo esto de la ENSEÑANZA, si uno llega a los sesenta años con ganas de dar la última lección del curso ‘con la brillantez que le caracteriza’ y si no impide que vosotros, alumnos y alumnas de 2º Curso de Bachillerato del Instituto Miguel de Cervantes, de Granada,  hayáis llegado hasta aquí  incólumes, casi intactos, tan hermosos que no me queda más remedio que decir con vuestro conocido Jaime Gil de Biedma:

A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

Resiliencia llaman los físicos a la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe. La resiliencia es la que consiente que estéis hoy aquí oyéndome, tan lindos y contentos e inconsciencia , llaman los psicólogos al hecho de que yo, que ya debería de haber aprendido a callarme, tenga aún ganas de hablaros.
            Porque yo, ahora, tendría que estar, si no triste, al menos preocupado porque a partir de ahora, voy a perder el lazo más vivo de contacto con la realidad , el contacto con vosotros. Y, además, a quién contaré a partir de ahora las última tontería que se me ocurra. Nunca tendré un publico tan paciente y agradecido como vosotros. Además quiero confesaros una cosa, que tendréis que olvidar si no queréis tener problemas con vuestros profesores en el futuro, ellos os deben a vosotros mucho más que vosotros a ellos. Las ideas más brillantes, más productivas se les ha ocurrido mientras os daban clase. No lo olvidéis.
            La retórica llama a esto que he leído hasta aquí: Prólogo.  En el que la figura más sobresaliente del hablar en público utilizada ha sido la “captatio benevolentiae”, para conseguir que me atendáis con benevolencia y sin ira.
¿Pero cómo seguir ahora? En el prólogo del Quijote, Cervantes recibe los consejos de un buen amigo sobre cómo se han de componer  los prólogos, pero de epílogos, que yo sepa, Cervantes no dice nada.
Se me ocurre que tendría que daros algún consejo para cuando abandonéis este nido pedagógico que os ha acogido hasta ahora, pero en la novela de Nikos Kazantzakis, Zorba el griego (1946), aprendí que no hay que dar consejos a nadie, si no está uno dispuesto a estar disponible siempre que el que los recibe lo necesite. Por tanto me contentaré con deciros, si me quiero poner sentimental, aquello que Luis Goytisolo escribió para su hija Julia:



PALABRAS PARA JULIA
 (José Agustín Goitisolo)

 Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante un muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Un hombre sólo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero cuando yo te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.





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Un buen profesor, hijo del Mayo francés, que sin embargo, no estaba en París, en aquella ocasión, sino haciendo la mili en la marina, en Madrid, que como todo el mundo sabe es puerto de mar, no puede despedir a sus alumnos sin un poquito de CARPE DIEM, este tópico tiene parte de la culpa de la situación en que se encuentra ahora la enseñanza. El profesor progre, asqueado de la educación represiva del franquismo, hacía de policía bueno del sistema escolar y mientras que la institución le mantenía a los alumnos sentaditos y atentos en las sillas del aula, los adoctrinaba para la vida y para la revolución haciéndoles ver con Salvatore Quasimodo que Ognuno sta solo sul cuor della terra, trafitto da un raggio di sole, ed é subito sera. Por lo que había que coger las rosas de la vida, como Góngora aconsejaba en su letrilla:

Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.

Hoy los profesores progres, han tenido que hacer también de policías malos y enfrentarse con al la agreste pubertad no socializada y sacar sus peores maneras autoritarias para hacer frente a la situación. Y hemos renunciado, a enseñar, adaptándonos a la fuerza al papel de guardianas de la lene juventud, a la que a partir de que salen del Instituto, educa el mercado, que no admite ni malas formas, ni réplicas, ni insumisiones.
            Este epílogo tenía que tener, también, su poquito de tono apocalíptico. Pero en el fondo de la caja de Pandora, está la esperanza. Porque vosotros educaréis a vuestros hijos con más seriedad de la que hemos empleado nosotros en educaros y posiblemente perfeccionéis la idea de egoísmo inteligente que tan poco practican las grandes potencias y sus lacayos, enseñando a la nuevas generaciones que la felicidad plena se alcanza cuando la mayor parte de tus contemporáneos son felices y pueden vivir dignamente.
            Tan mal veía yo la conclusión de este epílogo y tan metido me veía en moralismos, con olor a moralina  que hube de pedir, como Cervantes, ayuda a un buen amigo para concluirlo. Y el hombre me aconsejó que os leyera un texto de miedo y esperanza que redacté hace muchos años en el que contemplaba con preocupación el principio de un nuevo curso académico. Pensaba entonces que :
De entre tantos intereses, de entre tantos agentes sociales, como se reúnen en torno a la Escuela, sobresalen, como cimas del plegamiento educativo que se consuma en septiembre, los profesores y los alumnos a los que, tras la conmoción inicial, en la que todos participamos, apagados los focos de la atención pública, dejamos solos, cara a cara, como a esos amantes nuevos que se adentran trémulos y asustados en un laberinto del que no saben con qué estigmas prodigiosos o indeseables saldrán a luz del desamor o de la vida.

Y también me indicó mi buen amigo, que este poema de José Carlos Rosales , tan músico y peregrino, podría muy bien servir de colofón a tantos años de relación con los jóvenes. Ellos y yo hemos sido:

Como débiles bolas de billar
que se rozan despacio, levemente,
y se alejan después, y quedan quietas
esperando el final de la partida.
Distantes y acercándose, midiendo
la distancia, las horas, el peligro,
los amantes se alejan o se atraen
como dóciles bolas de billar
que rozaran con miedo la fortuna.

Gracias (lágrimas abundantes).