jueves, 13 de julio de 2017

El micromachismo de la Thermomix

Salmorejo de zanahorias en la Thermomix
Cuando el calor alcanza los 45 grados, es que no se me ocurre nada y termino escribiendo de salsas o sopas frescas como el gazpacho o la vichyssoise. El verano pasado, en primicia mundial, dimos en estas páginas la receta del salmorejo de tomates y zanahorias. Nos la proporcionó de viva voz una mujer en la frutería. Todo no está en Arguiñano. La transmisión de recetas la sigue haciendo la mujer oralmente, como siempre. Aunque los hombres, que no quieren quedarse atrás, también se atreven ya a compartir la composición y la elaboración de un plato. Ayer, un jubilado me detalló en el tenderete de mi frutero cómo freír los pimientos verdes. Me insistió en que los dejase cocer en el aceite a fuego lento y que, antes de consumirlos, le echase un escrúpulo de sal gorda. Hizo hincapié en que la sal fuera gorda. Hacía mucho calor debajo del toldo de Salvador. Tenemos ya tanta confianza que nunca me  pesa lo que llevo y me cobra siempre la misma cantidad: dos euros.  Lo comido por lo servido. Unas veces gano yo, otras, él.

La mujer del salmorejo del verano pasado, como una diva del bel canto,  cuando acabó el recitativo de los ingredientes, nos advirtió que ella no usa pan, porque engorda y que lo ha sustituido por 250 gramos de zanahorias, por cada kilo de tomates. Aseguró que le sale finísimo, como un salmorejo de caramelo, aterciopelado, como si fuera la crema pastelera de los tomates.  Cuando le pregunté si había adaptado ya su receta a la Thermomix, el robot de cocina alemán, me miro como a sacrílego y no se dignó contestarme.  Comprendí que, además de bella, era inteligente y que se había dado cuenta de que la Thermomix es un instrumento del Patriarcado, de los hombres que ahora se ven obligados a guisar, bien porque están solos o porque les ha empezado a gustar andar entre fogones o, simplemente, porque en el reparto de tareas del hogar les corresponde cocinar  lunes, miércoles y viernes; y que usan la Thermomix para, de salida, hacer comidas aceptables con sólo atenerse a las prescripciones de temperatura, velocidad y tiempo del recetario. Ese robot convierte al varón más torpe, en un aspirante a MasterChef, sin haber tenido que aprender las recetas de su madre ni practicar, como los dioses antiguos, nada más que el sencillo arte de asar carne. Desde hace 150 años, estos recién llegados al reino de las cocinas, o los “expertos”, (es decir, científicos varones) han irrumpido en lo que era un dominio femenino -el cuidado del hogar, de la salud, de la familia, del embarazo, del parto, etc.- y, con la excusa de la ciencia, han desalojado a las mujeres del control de ámbitos que sólo ellas administraban. La Thermomix, en muchas ocasiones, se ha convertido en un instrumento micromachista en manos del hombre empodereado. Yo mismo he terminado por cocer los huevos de ocho en ocho en ese caballo de Troya del poder masculino. Y todos me han sabido a gloria.

jueves, 6 de julio de 2017

Incendio provocado

Ulises y Penélope de Francesco Primaticcio
Si yo no tuviera a Cervantes y su lengua ni la posibilidad que este escritor, y otras escritoras y escritores, me han dado de poder hablar y escribir gracias un instrumento prodigioso que se llama castellano, elaborado, también, con materiales orales nobilísimos, aportados por personas que nunca supieron escribir pero que cuidaron su lengua con reverencia y placer durante siglos, el día 1 de octubre, aprovechando la ola catalana, convocaba en mi casa un referéndum, lo ganaba por el cien por cien de los votos y desconectaba. Suena hasta bonito: República Elaia ('olivo', en griego), que es como se llama la casa, porque tiene dos árboles de esa especie que me dan todos los años dos sacos de aceitunas que llevo a un molino de Gójar donde me los cambian por dos garrafillas de 5 litros de aceite, de gran calidad y de toda confianza.
El nombre lo tomo mi mujer, leyendo una magnífica traducción al castellano de la Ilíada, del el pasaje donde la fiel Penélope reconoce a su marido, tras 20 años de ausencia de Ítaca, después de que éste le recuerda que el lecho en el que consumaron el matrimonio tiene una pata de olivo que hunde sus raíces en la tierra. Y que es la metáfora que expresa el carácter inquebrantable de su compromiso. El nombre griego -Elaia- me pareció, en un principio, algo cursi, pero con el paso del tiempo ha llegado a resultarme apropiado y bien traído. Mi compromiso con España, sin que esto tenga la más mínima importancia ni consecuencias, es con su lengua, con las poderosas metáforas, originales y las traducidas de otras lenguas, que conocí gracias a ella. Con ese regalo enorme que hoy me permite disfrutar del placer de hablar (más de la cuenta) con gente insufrible, con gente adorable, con gente tan habladora como yo, que sabe escuchar, con gente silenciosa que no suelta palabra y te mira, como si te estuviera haciendo un TAC. Lengua que me ha permitido desde chico aprender de los que saben.
Cada vez que veo a Rajoy, me entran ganas de independizarme, de salirme; cada vez que me golpea la prosodia de Susana Díaz, echo a correr. El otro día, al oír a Pablo Iglesias referirse al secretario general de PSOE como "Pedrito", estuve a punto de fletar un yate de recreo y perderme en el océano. Pero me retiene, con lazos fortísimos, Cervantes y, con él, mi madre y todos los que me ayudaron a comprender -aproximadamente- el mundo y a pensar en castellano. Gracias a ellos, barrunto que lo que se traen entre manos Rajoy y Puigdemont es un juego de trileros. La performance de Puigdemont es tan irracional como el remitirlo a la Constitución, redactada para que de aquí no se vaya nadie. Y nosotros en medio. Parece como si los maravillosos 78 años de guerri-paz de los que hemos disfrutado, no les vinieran bien a estos señores y que, metidos en el atolladero de su incapacidad para gobernar, necesitaran de una guerra con un pilón de muertos, para arrasar el territorio y borrar la memoria de sus rapiñas, errores, ineptitud y sevicias. El fuego, si termina por prender, será intencionado.

viernes, 30 de junio de 2017

La palestra de Platón

El efebo de las pompas del Salón ( en Granada)
El ejemplar del diálogo Cármides de Platón que tengo en casa me lo regaló el profesor Jacinto Prieto. De su puño y letra, debajo del título, ha escrito: De la sabiduría, y un poco más bajo, entre paréntesis, la palabra Formidable. La edición es de 1934. Ni el más leve comentario sobre el juego erótico que el gran ironista que era Platón nos ofrece en el preámbulo de este diálogo. La escena parece sacada de alguna película cómica del cine mudo. Digna de ser comentada, al menos, por su gracejo. En la edición de la editorial Aguilar, de 1966, el traductor y anotador, Francisco de P. Samaranch, sí deja constancia del ambiente en el que tiene lugar la discusión que mantienen Sócrates, Critias, y Cármides sobre la sabiduría moral. "El diálogo", nos dice el traductor, "comienza con un preámbulo de un delicioso realismo anecdótico que nos lleva a la escena de la conversación y nos va presentando a los personajes que van a intervenir en ella". Samaranch no va más allá. Durante mucho tiempo se pudo hablar de los diálogos de Platón sin referirse por extenso a la homosexualidad o a la bisexualidad que de forma evidente se manifiestan en ellos. El antagonista de Sócrates, Cármides, es un efebo que sólo tiene 14 años. Guapísimo, además de muy inteligente, entra en la palestra -el gimnasio sólo para hombres-, donde enamora a los chicos de su edad y a los hombres maduros. Sócrates comenta que, al pasar, todos los contemplan como se contempla una estatua. Su presencia dio motivo a una escena extraordinariamente graciosa -de cine mudo, dije más arriba-, pues cada uno de los que estaban sentados en un banco se apresuró a empujar a su vecino con todas sus fuerzas, para hacer sitio al recién llegado, de tal manera que los dos últimos, es decir, los que ocupaban las extremidades del banco, uno tuvo que saltar de su sitio y el otro, menos listo, cayó de costado. Sócrates también sucumbe a los encantos del adolescente: "Entonces", refiere el filósofo, "por la entreabierta túnica de Cármides, atisbé una nueva belleza que inflamó mis sentidos". Ortega y Gasset sí repara en las peculiaridades de las relaciones amorosas en la Grecia antigua y afirma que Platón, inversamente a nosotros, no entendía muy bien lo que pudiera ser un amor de hombre a mujer. Ya sé que en este punto, los lectores se estarán preguntando a qué viene este jarro de erudición fría que les está cayendo encima. Tiene que ver, desde luego, con el Día del Orgullo Gay. Mi humilde contribución a que se vea como normal, lo que ya en Grecia, era tenido como natural. Pero también he querido ponerme culto de la muerte para hacer frente a las críticas que he recibido por incluir en una columna anterior La venganza de don Mendo de Muñoz Seca dentro la alta literatura y para aparecer como entendido en materias tan abstrusas como la sociología, la antropología y la filosofía. Más que nada por darme pisto

jueves, 22 de junio de 2017

Hijos del Google Earth

En tiempos de paz prolongada, la mochila sustituye al viejo macuto del peregrino o del soldado. Dentro del macuto se podía encontrar una lendrera, estropajo, jabón casero, confeccionado con sosa cáustica y aceite de oliva refrito, un rosario, una muda, y recado de escribir. Dentro de las mochilas de los jóvenes viajeros de hoy se encontrarán toallitas higiénicas y un gel suave que cubrirán, en un 67%, las funciones del bidé; tubos con pomadas antialérgicas, preservativos, cepillo de dientes, bragas o calzoncillos de papel de talla universal, vaselina, píldoras del día después que las mamás -incluidas las más conservadoras- han metido en las mochilas de sus niñas; dentífrico, una barra de una sustancia que alivia rápida y eficazmente las picaduras de los insectos y varios paquetitos de galletas de textura e ingredientes muy variados.
Los jóvenes de la mochila siempre parecen saber a dónde van. Sólo se perderán, si visitan una zona pixelada del Google Earth. Cuando toman el barco, van directos a un rincón de cubierta que parece estar reservado para ellos. Despliegan el saco de dormir y se echan, desatentos a la partida y a la puesta de sol. Convencidos de que -jóvenes como son- disponen de tiempo para volver otra vez a ese mismo lugar y observar los matices que ahora menosprecian.
Los despertará el hambre. Sin abrir los ojos, encontrarán el bar del barco y pedirán al camarero una cerveza en inglés -el esperanto de los jóvenes- y beberán de la lata-bomba hasta la última gota, para lo que parece que la naturaleza sabia les ha dotado de una vértebra cervical más, que les permite inclinar la cabeza hacia atrás, en un ángulo casi de contorsionista, y hacerse con el contenido íntegro del envase. Después hablan, cantan y manosean el móvil. Los días que dura la travesía, los consumen en ducharse todas las mañanas en los lavabos comunitarios, beber constantemente cerveza y coca-cola, fumar, echarse desodorante y leer novelas.
Hacen transbordo de tren en las estaciones más remotas con la precisión de un cardumen de peces. Esperan la puesta del sol, entretenidos en conversaciones, en oír la música de sus celulares y en cantos. Hay grupos de jóvenes uniformados que suelen acompañarse de guitarras y ayudarse de cuadernos en los que han copiado o pegado fotocopias con las letras de las canciones que entonan.
Con las primeras oscuridades, se quedan dormidos. Se contorsionan peligrosamente en sus asientos hasta encontrar la postura más cómoda. Invaden los asientos cercanos con sus pies y no se preocupan demasiado si el viajero de enfrente da reposo a los suyos en el asiento que ellos ocupan.
Las personas mayores, al verlos dormidos, los miran con envidia. Porque ellos no han sido educados para invadir el espacio ajeno y no logran dormirse, temerosos de dejar caer, involuntariamente, la cabeza sobre el hombro del vecino y de que se malinterprete su gesto.

jueves, 15 de junio de 2017

Irene Montero, Superstar


Rosalía y su relación
La moción de censura ha tenido momentos de mucho interés. Irene Montero me sorprendió con un brillantísimo discurso, como portavoz de Podemos, minusvalorado por los medios y por sus compañeros de profesión. Les torció el brazo a todos. ¡Una mujer! Y les ha resultado difícil de asimilar, no sólo a los hombres, también a muchas mujeres. Emocionado, escribí sobre la marcha en mi blog: "Hoy, Irene Montero ha hecho más por la igualdad de las mujeres con su intervención, muy superior a la de Rajoy e Iglesias, que todas las lloronas, aprovechadas y subvencionadas de observatorios e institutos de la mujer juntas. Me ha recordado a la Dolores Ibárruri de las Cortes republicanas". Di así rienda suelta a la sorpresa y al entusiasmo, tras comprobar que aún queda empuje y lucidez y ganas y modos y actitudes más allá de la ciénaga. En Radio España Independiente, una emisora que se oía mucho durante la dictadura, y que nunca supimos muy bien desde dónde emitía, tuve ocasión de escuchar a la Pasionaria. También pude verla en algún noticiario de la época de la República, hablándole a las masas. Era otro estilo, más teatral, solemne, como de predicador. Me refería a la fuerza y la pasión que Montero le puso a su intervención. En eso se parece a Dolores. La diputada fue demoledora con la enumeración exhaustiva que hizo de los casos de corrupción en los que está implicado el PP, de lleno, o a título lucrativo. Allí, sentados, tuvo a los diputados del Partido Popular, que tuvieron que oírla, muy a su pesar. Alguno con el rictus contraído, o embutido en una sonrisa de desprecio, que poco a poco se iba helando en su cara hasta convertirse en la mueca ridícula de un actor mediocre. Pero no fue eso lo único que me interesó, también hubo abundantes citas de escritores célebres. Sobre todo de Quevedo. Las disfruté enormemente. Pronto nadie habrá leído ni a Quevedo ni a Góngora ni siquiera La Venganza de don Mendo. Parece que las sucesivas leyes de Educación han desterrado, casi por completo, la literatura de las aulas, en beneficio de las clases de lengua. En futuros parlamentos, los referentes literarios serán los guiones de series televisivas de éxito, como Twin Peaks o canciones de moda, como Happy, de Pharrell Williams. En lo que a mí concierne, estoy dispuesto a disfrutar de otra moción de censura más, siempre que sirva para sacar a Rajoy de la Moncloa y para oír a Irene Montero recitar a Rosalía de Castro. En ella, si se ponen de acuerdo PSOE y Podemos, ya no se hablará de Venezuela. Les aviso, prepárense para tener Frente Popular hasta en la sopa.

Puede leerlo también en el diario GRANADA HOY, si pincha el enlace siguiente:

http://www.granadahoy.com/opinion/articulos/Irene-Montero-Superstar_0_1145285798.html

jueves, 8 de junio de 2017

Con los puños almidonados y gemelos de oro

Los gemelos de oro, regalo del pregonero
Cuando Teresa Rodríguez afirma que la Semana Santa es del pueblo, me produce una doble inquietud. Primero, ¿qué significa hoy “pueblo”? y, segundo, ¿qué quiere decir esta política con que la Semana Santa pertenece al “pueblo”?  ¿No hubiera sido mejor, en lugar de “pueblo”, hablar de “gente”, como viene haciendo su partido? En Andalucía, además, “gente”, “mi gente”, conecta con el Rocío, con la Macarena, con las casetas, con la feria de Sevilla, con las calesas, con los trajes de gitana, con una fiesta cara, de manzanilla, langostinos y jamón pata negra, que era la que se podían pagar los señoritos. Conecta con los señoritos. Al final, PODEMOS y la socialdemocracia, donde gobiernan, se han topado con que los modelos de la “gente”, no son ni Pablo Iglesias, Sr.& Jr.,  ni Dolores Ibárruri ni el comunismo libertario ni Cañamero ni los sindicatos ni los partidos llamados de izquierdas; que el modelo de “la gente”, tras una larga y venturosa época de paz, de explotación y de bonanza económica que hunde sus raíces en la burbuja inmobiliaria, son los señoritos agrarios de la España de principios del siglo pasado. Tan odiados, tan jartibles, tan terratenientes. Y sus ritos y sus procesiones laicas y religiosas, en las que escenificaban su poderío social y económico. Y la “gente” no ha elegido hacer otra revolución  que la del disfrute, haciéndose con lo que antes pertenecía a un grupo reducido de personas, tomando, no el cielo, sino las procesiones, las cofradías, las romerías, por asalto. Un asalto, consentido por las “fuerzas vivas” y dichosamente pacífico que ha dejado la propiedad, la riqueza, en manos de los mismos, pero que ha obtenido a cambio “la parafernalia” –como se dice ahora- de los signos de la riqueza. Siempre ha habido, en la Semana Santa, imágenes que el pueblo consideraba suyas. El Cristo de Los Gitanos, Nuestro Padre Jesús de los Pobres, o como se las llame en cada lugar. Cuidadas, lujosamente vestidas, adornadas por “el pueblo trabajador”, acompañadas masivamente en sus evoluciones y desplazamientos. Compitiendo con las imágenes de “los ricos”. Conozco uno de estos cristos populares que debajo de la túnica llevan una camisa impoluta, blanquísima, de las que venden en el Corte inglés, con los puños perfectamente almidonados y abrochados con unos gemelos de oro. Todo un señor. Todo un señorito. Por muchas medallas que Kichi, el alcalde de Cádiz,  ponga a la Virgen del Rosario, ni él ni su formación conseguirán que los siga el “pueblo”, que prefiere ir detrás de la ciega procesión de gozo y de algazara, de ritos y de leyendas, suministrados por los “comerciales” habituales. Nunca llegará a ser el brujo de esa tribu. Los problemas de la gente que los votó, no se resuelven clavándoles agujas de vudú al muñeco del paro o al de la corrupción o medallas a las imágenes.  Que la Virgen nunca los va a sacar del atolladero. Ella prefiere a los pastorcitos.

jueves, 1 de junio de 2017

Andalucía ha dejado de ser católica. Es neopagana


Kichi y su madre, de procesión
Les temo a las masas "empoderadas" más que a una vara verde. Sobre todo si saben de dónde les viene el poder y si están decididas a usarlo. Las masas procesionales (cofrades, en argot), las masas rebeldes, han declarado que se niegan a aceptar las directrices municipales de higiene y aseo de los espacios públicos y amenazan con "plantearse acciones más contundentes", si se les restringe su propósito de pasearse por la ciudad, cuando les venga en gana, con su juego de tronos, iluminados por cirios prendidos que manchan de cera la calzada. ¿Utilizarán los cirios como armas de destrucción masiva de la convivencia? ¿Nos debemos de proteger los ciudadanos menos exhibicionistas? ¿Debemos cerrar nuestras ventanas y esperar a que pase el temporal? ¿Este tipo de temporales pasa espontáneamente sin necesidad de que nadie les ponga freno o va a más? ¿Nos asomamos a las ventanas y les gritamos a la cara, cuando invadan caprichosamente las calles, que se contengan, que se limiten? El "ente" al que le han arrebatado símbolos y liturgias, no pía. No manda. Disimula. Sabe que las masas ya no son suyas. Pero se conforma con el Concordato, con una casilla en la declaración de la Renta y con cobrarles por el alquiler de locales, servicios y complementos. Y si hay que decirles una misa, pues se les dice, que la visibilización, bien vale unas misas. A estas expresiones de piedad popular, en tiempos, se las tenía más o menos controladas. Cuando la iglesia disponía de hogueras y torquemadas. De vez en cuando se quemaba a una bruja, para que se viera quién mandaba y se adoptaba una actitud condescendiente con el pueblo llano que llenaba iglesias y cepos. La religión era entonces el opio del pueblo. Ahora las masas son el opio del clero. Y se las convoca, como sucedió cuando vino Benedicto XVI a Madrid y se invitó a 15 cofradías para arroparlo. O se les permite celebrar ceremonias como las de la primera comunión, vaciadas de su sentido original, y que son, cada vez más, "liturgias" de escenificación del progreso social de las familias. Las masas ciriales saben muy bien que dan votos y que sus evoluciones atraen a turistas y dan dinero. Son conscientes, y así lo proclaman, de "la importancia de las hermandades y cofradías en el tejido económico y social de la ciudad". Torres Hurtado concedía medallas a la Virgen y, en Cádiz, el alcalde de Podemos, acaba de hacer lo mismo. Andalucía ha dejado de ser católica. Sin otros pontífices que no sean los elegidos por las cofradías y con el clero como comparsa. La prueba: lo que era una religión para la escasez y el sufrimiento, se ha convertido en un ramillete de prácticas sociales encaminadas al disfrute de las masas. El cambio: copernicano.